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La noche del 27 de octubre del año pasado no fue una más para los pobladores de la localidad entrerriana de Victoria, y aún nadie puede explicar la misteriosa aparición de 15 vacunos muertos, mutilados de formas extrañas y flotando en la laguna de Las Coyeras.
El caso se mantuvo prácticamente en secreto durante estos meses, y se relaciona directamente a la enorme cantidad de episodios con animales mutilados en nuestro país, fenómeno que no tiene respuestas concretas, aunque es frecuentemente vinculado a experimentos biológicos realizados por alienígenas.
La apasionante historia de la laguna Las Coyeras fue revelada recientemente por el prestigioso Grupo Visión OVNI, y fue justamente su titular, la especialista Silvia Pérez Simondini, quien realizó varias entrevistas con los sorprendidos (y aterrados) pobladores de la zona en la que desarrolló una profunda investigación.
Vientos misteriosos
De acuerdo a lo informado en el documento, esa noche un tornado destrozó todo a su paso en un sector de la ciudad de Rosario. Por ello, la explicación oficial en torno a los 15 vacunos fue que “la fuerza del viento los trasladó hasta la laguna”.
Un productor de la zona del hallazgo, con sentido común y apoyado en su propia visión de los hechos, respondió que “había toros de 600 kilogramos, muy difícil de levantar vuelo, sumado a los cortes circulares en el lomo y que estaban agrupados, y no desparramados”.
El caso puede generar sorpresa, sin embargo Argentina tiene un largo historial en episodios de este tipo, con animales mutilados, generalmente mediante cortes sospechosamente precisos. La investigadora Simondini realizó un profundo estudio del tema en la última década, y es mundialmente famoso su trabajo publicado en 2002, donde se reveló en detalle más de dos centenares de casos registrados en territorio argentino.
Instrumento desconocido
En este minucioso trabajo se analizó una serie de características propias de estos episodios, que se repiten y conforman una modalidad perfectamente definida. Así, Simondini manifiesta en el informe que “los cortes realizados a los animales, muestran un aserrado supuestamente realizado con un instrumento por el momento desconocido para la totalidad de los profesionales”.
La experta agrega que “dichos cortes son en apariencia cauterizados en el momento mismo de realizada la operación”, y sostiene que “en la cara de los animales, sobre su maxilar, se observa un corte en forma de herradura, siendo visible su estructura ósea completa, sobre el lado donde se produjo el corte”.
“Se ha detectado la presencia de un patógeno (en análisis actualmente) de color azul verdoso, y una sustancia transparente cristalina que se deshace al contacto con la mano. Se destaca el faltante de ojo, sobre el lado del corte (no existe faltante del lado contrario), corte de oreja y el sistema auditivo completo”, afirma Simondini, directora del Museo Visión OVNI, ubicado en Victoria, Entre Ríos.
Entre las conclusiones del trabajo, se incluye que “en todos los casos, hay corte de lengua en un 60%, con apariencia de haber sido realizado con calor (probable quemadura); según el informe del especialista (en este caso el veterinario sanitarista y titular del Senasa de Salliqueló, Daniel Belot), quien aún no entiende cómo ha sido extraída, pues no existe corte donde normalmente se practica una operación de dicho órgano”.
“Concretamente en las vacas -indica Simondini- faltante de las ubres, o específicamente glándula mamaria, también ovarios y órganos reproductores. En los toros el pene se encontraba totalmente quemado. En otros animales, existieron diferentes cortes siempre aserrado marcando muchos de ellos formas geométricas de variadas formas”.
También se sostiene que “en el lugar de las mutilaciones, no se ha encontrado huella alguna, ni de rodados, ni pastos quemados, ni pisadas de ningún tipo, lo que en un principio, hace suponer que las mutilaciones no se produjeran en el lugar donde aparece el animal muerto. Tampoco existe evidencia de marcas producto de la reacción misma de los animales en proceso de muerte”.
Por último, Simondini destaca en su trabajo “la escasez de sangre (únicamente en la cavidad aórtica) dentro del animal. En esos casos también se especifica la falta de rastros de sangrado fuera de él, lo que resulta por demás extraño, y nos da la pauta para pensar que ningún hecho humano podría realizar estas muertes sin dejar rastros por lo menos de sangre”.